La gala de los Premios Goya, que se celebró el sábado pasado, nos regaló uno de los momentos más emocionantes de los últimos años. Me refiero al discurso que pronunció Jesús Vidal, el actor que da vida a Marín en la película “Campeones”. Al recoger el premio al mejor actor revelación, Vidal -que desde su nacimiento tiene una severa discapacidad visual-, pronunció las palabras más emotivas de la gala.
Su discurso, que podéis ver aquí, será recordado porque consiguió conectar nuestros corazones. Así de sencillo. Nos atrapó por la verdad que se desprendía de sus palabras, contadas por un hombre sincero desde el corazón. Sin historias, sin anécdotas inventadas (tome nota señor Pedro Sánchez).
Un buen comienzo
El discurso ya comenzó con un buen detalle: se acordó de sus compañeros nominados (cosa que no hicieron otros premiados), a los que citó por sus nombres de pila, uno por uno. A continuación utilizó el recurso del humor -“Academia ¡No saben lo que han hecho al premiar a un actor con discapacidad!”- que arrancó las primeras sonrisas de una audiencia que lloraría minutos después. Justo tras su breve introducción, Vidal pronunció las tres palabras que -según dijo- le venían a la cabeza al ser premiado (seguro que las llevaba bien ensayadas): “Inclusión, diversidad, visibilidad”, que resonaron en el Palacio de Congresos más que como un reconocimiento de la Academia como una un eslogan o una reivindicación «¡Qué emoción!» (minuto 0:40)
Sin papeles
No es fácil hablar en público y, sin embargo, Jesús dio su discurso del tirón, sin un solo papel. Ni notas. Ni teleprompter (tome nota, señor Rajoy) y sin cometer ningún error. He asistido a discursos leídos con muchos más fallos. Lo importante (y lo difícil) es que aunque memorices tus palabras, se note lo menos posible. Y nuestro protagonista lo consiguió.
Tuvo palabras, por supuesto, para sus 9 compañeros de reparto (que se vinieron arriba al ser citados); también para el director, Javier Fesser, los guionistas, incluso para quienes lo ayudaron en sus inicios. Tan solo eché en falta que Jesús citara a Javier Gutiérrez, su compañero de reparto y actor protagonista de la cinta.
Su lenguaje no verbal
En cuanto al lenguaje paraverbal, Vidal manejó las pausas y el tono de su voz. A veces se detenía para dejar que el público se riera o lo ovacionara y a veces alzaba su voz por encima de los aplausos de la audiencia, como hacen los políticos en sus mítines, solo que de verdad, sin imposturas, con la voz quebrada por la emoción y por el amor hacia sus padres. Por otra parte, su cuerpo no se balanceó en ningún momento y sostuvo la estatuilla, que pesa casi tres kilos, a la altura del pecho durante todo el discurso, agarrando con fuerza el micro. Sólo modificó esta postura para lanzar un beso con su manoa Inés Enciso (minuto 2:10).
El final
Y a partir del minuto 3, cuando parecía que el discurso iba a terminar con la habitual sucesión de agradecimientos, el corazón y la voz de Vidal nos trasladaron hasta su tierra natal: “Y ahora, me voy a León”, dijo. La tierra de sus sobrinos, la de sus hermanas y, cómo no, la de sus padres a quienes Jesús dedicó las palabras más bellas de la noche. “Mami, gracias por darme la vida, gracias por dármelo todo, gracias por enseñarme a ver la vida con los ojos de la inteligencia y del corazón”. A su padre: “Gracias por haber vivido y luchado tanto por mí. Eras la persona con más ternura del planeta y con solo una sonrisa cambiabas y cambias el mundo”.
El discurso acabó, como acaban los buenos discursos: con una buena frase, una de esas que te hacen pensar después de escucharla y que resonará en nuestros corazones durante tiempo: “Queridos padres, a mí sí me gustaría tener un hijo como yo porque tengo unos padres como vosotros”. Una forma sencilla, humilde y, a la vez grande y generosa de mostrar agradecimiento por la vida.
Un discurso conmovedor que me emocionó tanto como ya hiciera la película. Decía en una entrevista Javier Fesser que «Campeoneses la demostración de que vivir es maravilloso». Jesús Vidal lo sabe y la otra noche se lo agradeció a sus padres con todo la fuerza de su corazón.