Sillas para una conferencia de prensa

¿Cómo fue mi primera rueda de prensa?

Recuerdo especialmente una de mis primeras intervenciones ante los medios de comunicación. Es mi primer año en la OCU, 1995.

A los tres meses de empezar a trabajar allí y todavía en periodo de prueba, la Organización denuncia a las autoescuelas por pactar los precios. Soy un novato y no sé hablar ante las cámaras. Es agosto. Un mes sin apenas noticias. En agosto, casi cualquier historia que quieras contar es cubierta por los medios de comunicación. Así que la sala de prensa está repleta de periodistas. Sobre la mesa se amontonan unos 15 micrófonos. Acuden muchas radios, prensa y todos los canales de televisión de ámbito nacional de la época. Más presión. Todos esperan a que el encargado de presentar el estudio -¿quién? pues yo- empiece a hablar. Hace calor. Sudo. Pero siento frío. Para aliñar la faena, un señor que no me suena de nada ocupa la primera fila con mirada inquisidora.

«Acuden muchas radios, prensa y todos los canales de televisión de ámbito nacional de la época»

Comenzamos. El señor de la primera fila resulta ser el representante de las autoescuelas denunciadas. Tengo 25 años y no he recibido formación para hablar en público ¿unos consejos, unas clases? Nada, ni eso. Quiero salir corriendo. Demasiado tarde. Me equivoco al pensar que por ser joven ellos serán indulgentes. El individuo de las autoescuelas me fríe a preguntas incómodas. He ensayado mucho los días previos y supongo que eso me ayuda con los nervios. Salvo los muebles. Termina la comparecencia. Los redactores me dan la mano. Mi jefe me felicita, me vengo arriba y termino incluso por corregir a un periodista: «mi nombre es Antonino, no Antonio».


Supongo que más de uno os habréis sentido identificados con esta historia (100% real no fake). Salió bien pero podría haber salido fatal. Muchos recordareis la primera vez que os dirigisteis a una audiencia más o menos exigente con más nervios que tablas. Y es lógico. Nuestro sistema educativo no nos ha concedido unas pocas horas ni -mucho menos- asignaturas para mejorar nuestra forma de hablar en público y presentar ideas de forma amena y persuasiva. Decía Cesar Bona que en sus clases sus alumnos se subían a la mesa para aprender a hablar en público. Y Taiwan (cuarto mejor país del mundo en educación según el informe PISA de la OCDE 2015) introduce la oratoria como asignatura obligatoria en su Junior High School (de 13 a 15 años).

En mi primer artículo para este blog quiero reivindicar, desde mi modesta posición, la necesidad de hablar bien en público. Podemos esperar a que las autoridades decidan implantar, más tarde que temprano, una asignatura o unos cuantos créditos. O bien, nosotros mismos, nos esforzamos en formarnos en esta habilidad, tan necesaria como las matemáticas, la biología o la historia. Por mi parte, desde este blog, me comprometo a ayudaros con consejos, recursos y contenidos para mejorar nuestra forma de comunicarnos.

Bienvenidos y Gracias!!!!!

La foto de la entrada es de ål nik en Unsplash

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